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Foro : MC Misceláneos :  FanFics : Promesa Eterna [Original]

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ArwenUndomiel1
MCFan
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Promesa Eterna [Original]

Mensaje por ArwenUndomiel1 el Dom Oct 17, 2010 11:01 pm
Hola bueno les traigo este original que escribi para el anterior concurso de mca claro esta que lo extendí un poco bueno espero les agrade y se aceptan comentarios o sugerencias. Saludos

Promesa Eterna

Spoiler:
13 de Febrero 2008

¿Cómo contar coherentemente las experiencias de mi vida? ¿Y cómo abordarlas en un diario? Es la primera vez que escribo en uno, y ahora me siento un poco tonta al hacerlo; pero suele decir Mari, mi mejor amiga, quien es experta en valerse de burdas excusas para enmascarar sus actitudes infantiles:

-Cuando te halles lejos del hogar ¡pecas! -aludiendo a las antiestéticas manchas en mis pómulos -y aislada de los seres queridos; es positivo descargar los nervios, la tristeza y la soledad de la forma en que creas conveniente sin sentirte mal o culpable por ello -regalándome una risa burlona y picara.

Por ello, y siguiendo su consejo, iniciaré como corresponde y de la manera más acorde, presentándome ante el lector, que examine o curiosee fugazmente estas páginas.
Mi nombre es Zamanta, de diecinueve años de edad, cabello rojizo largo y lacio; ojos verdes y tez casi tan pálida como la nieve; cuerpo algo imperfecto, a mi parecer, y algunas leves fallas de carácter que parecen resaltar en mi introvertida forma de ser.
Se bien que iniciar un diario a esta altura de mi vida suena un tanto trivial he infantil pero he decidido por medio de éste antiquísimo método, contar mi historia, la cual muchos, podrán considerar apócrifa y otros tal vez no.
Si bien la mayoría de las adolescentes de mi generación ya han vivido una acelerada experiencia sentimental, he incluso sexual, moldeada a una temprana edad; yo he llegado a esta altura de mi vida sin haberme topado con una verdadera historia de amor.
Quizás, estas hostiles circunstancias, se deben a mi idealización del sexo masculino y a la estúpida creencia, de que en verdad, los príncipes azules existen y no se convierten en sapos pasada la medianoche. O tal vez las mujeres de Venus no logramos dialogar coherentemente con los hombres de Marte, como expone un reconocido escritor.
Si bien mi vida emocional ha carecido de grandes satisfacciones y solo ha cosechado un corazón roto, el mío claro ésta, tomé la decisión de enfocarme en otros aspectos más profesionales y lucrativos.
Después de un año sabático en Bransen, mi pueblo natal, decidí apostar por una curiosa inquietud nacida en mi niñez; estudiar medicina veterinaria.
Tras poner varios asuntos en orden y mejorar mi situación económica, había llegado la hora de abandonar el hogar; y como toda buena avecilla con varias plumas en su haber, era necesario que aprendiera a valerme por mi misma y volar buscando mi rumbo y mi destino.
Así fue que me despedí de mis progenitores, de mis amigas y de mi querida Bransen para ir en post de un futuro mucho mas prospero y feliz.


22 de Febrero 2008

Por fin me hallaba viviendo en la fastuosa Buenos Aires. Había venido varias veces a la ciudad, pero cuando era tan solo una niña con pocos recuerdos de un lugar tan inmenso y superpoblado.
Las callecitas de Buenos Aires tienen un que sé yo, podría decirse que poseen un atractivo casi inigualable.
La gente pulula hasta altas horas de la noche por los bares, cines y otros centros urbanos que deslumbran vivazmente a los aturdidos transeúntes.
Los sonidos inigualables de los acordeones, inundan las plazoletas de la ciudad con las notas melodiosas de varios tangos arrabaleros, los cuales, suelen ir acompañados de diestros bailarines, ataviados, de guapos de época y señoritas con blusas escotadas, faldas ajustadas, y medias oscuras, cuyos muslos se lucen tras las incontables volteretas siguiendo el compás de la música.
Mi percepción, al llegar a la capital, fue de dos cosas. La primera era el notar como la viveza criolla se las ingeniaba de varias maneras para atraer a cientos de extranjeros, de todas las nacionalidades, a visitar hasta los más insospechados centros turísticos de la ciudad; y la segunda y la más desconcertante, era especular, si los porteños sufrían un severo y potente insomnio que les impedía alcanzar el tan ansiado letargo nocturno tras pasarse horas deambulando por las callecitas y boliches de moda, sobre todo, los fines de semana. Me preguntaba ¿Cómo diablos hacían para levantarse temprano en la mañana después de una larga noche? Yo, por mi parte, solía terminar exhausta tras las largas y ajetreadas clases con la mínima pila como para asearme, estudiar, comer y dormir. Sinceramente llegaban a darme algo de envidia.
Para mi comodidad he conseguido una habitación para estudiantes muy cerca de la facultad; si bien no es el palacio de Buckingham o una suite en el hotel Sheraton, luce confortable, pulcra, y lo mas importante, carente de alimañas latosas que correteen inoportunamente por mis cajones.
La pensión es a compartir y me ha tocado convivir con una muchacha oriunda de la ciudad de Quilmes, morena, cabello oscuro, ojos color miel, gran carisma y una graciosa tonadita al hablar, al parecer heredada de su madre. Su nombre es Nara Santibáñez.

-¿Qué haces Zamanta? Recién llegas a la ciudad y ya estas estudiando como loca, ¡¡querés tomártelo con calma!! –Exclamó sonriendo mientras se dejaba caer en la cama.
-Es solo algo sin importancia. –Dije ocultándome con pudor tras haber sido descubierta escribiendo en un tonto cuaderno.
¿Qué es eso? –Notando la acción.
-Es solo mi diario, he querido asentar todos y cada uno de mis pasos por Buenos Aires.
-¡¡Ohh!! Así que es eso… -Comento con gracia -¿Y sos de Bransen, verdad?
-¡¡Sí!! -Respondí con naturalidad y alegría.
-Yo soy de Quilmes, pero para independizarme decidí alquilar algo más cercano a la facultad, así evitar gastos innecesarios en viajes y rebajar unos cuantos kilos –sentenció riendo -¡¡Vamos a dormir, mañana será un día muy largo!! –Saltando sobre su cama.
-Tenés razón –acomodándome en mi cama -buenas noches Nara. –Dije apagando la luz.
-Buenas noches Zamanta que duermas bien.


8 de Marzo 2008

Nara y yo iniciamos por fin las clases tras haber aprobado el curso de ingreso. Para esa época las universidades suelen estar abarrotadas de jóvenes que sueñan con convertirse en los mejores profesionales y otros que solo intentan no ser fastidiados por sus padres. Ese era el caso de Walter, el novio de Nara. Ambos se conocían desde la primaria pero habían comenzado a salir a principios de enero según me contó.
El chico era delgado, bien parecido, cabellos oscuros y ojos color café; los dos se llevaban de maravilla y se notaba con facilidad cuanto se querían, pero según Nara, debieron pasar por varias experiencias para llegar a ese punto, pues reñían constantemente de pequeños a tal punto de no hablarse por meses.
Walter solía ser muy protector con su novia y por lo general nos acompañaba seguido hasta la pensión, pues a pesar de que Buenos Aires era una ciudad muy vivaz, los últimos hechos violentos anunciados constantemente por los noticieros le dejaban a una un saborcito bastante amargo en la boca.
Walter tenía un amigo, Eric, un chico alto, mirada sería, de melena color rubia y unos desconcertantes ojos color celeste cielo.
El muchacho nos seguía inquisidoramente a donde fuésemos; a la biblioteca, al café, a estudiar, compartíamos cursadas, en fin, era como tener una funesta sombra yuxtapuesta a nuestras espaldas.

-¡¡Zamanta!! –Expresó Nara en voz baja, mientras yo buscaba unos libros en una amplia estantería de la biblioteca.
-¿Qué ocurre? –Dije mientras leía con dificultad algunos de los títulos adosados torpemente a los pies de cada libro.
-Creo que le gustas a Eric... –Haciendo curiosas señas con las manos
-¡¡Que!! –Mirándola con sorpresa.
-¡¡Vamos me vas a decir que no te diste cuenta!! ¿Por qué crees que nos sigue a todos lados? –Sonriendo con picardía.
-¡¡No lo sé, quizás por que es amigo de tu novio!! –Sentencié con burla -¿no se te ocurrió esa sencilla deducción? Y además, como Walter siempre esta con vos, y a su vez vos estas conmigo, es lógico que nos siga de aquí para allá –Respondí burlonamente. -Además no es mi tipo Nara, es demasiado ¡¡no sé!! ¡¡Callado!! –Proferí luego de unos instantes de meditación.
-¡¡Vamos Zamanta así como pretendes conseguir novio!! –Exclamó con sarcasmo.
-Mas que novio deberías pensar en los primeros parciales, no olvides que serán dentro de dos semanas. –Tratando de alcanzar uno de aquellos viejos escritos que tanto les gusta conservar a las bibliotecas.


Nara me miró con agobió y se fue refunfuñando junto a Walter y Eric que permanecían sentados en una de las mesas frente a la ventana de aquel iluminado y silencioso salón. Por ser lunes pensaba que aquel centro cultural estaría atestado de personas, pero eran pocas las almas que vagabundeaban por la biblioteca esa mañana.
Volví a sumergirme en la tarea de apoderarme de uno de aquellos pesados libros de fisiología, pero para mi mala suerte y mi poca estatura, no lograba hacerme con el elegido.
Miré con cuidado a mí alrededor, quizás si consiguiera alguna escalerilla en donde subirme lograría mi cometido, pero al parecer aquellas estanterías no estaban diseñadas para personas de menos de un metro setenta de estatura.
Intenté estirarme por última vez, si no lo conseguía iría a quejarme con la bibliotecaria u al menos a demandar algún medio coherente para alcanzar aquellos dichosos libros. Tras mis renovados fracasos y un pequeño calambre en el pie tuve que ceder, suspirando con desasosiego y bronca.
Pude sentir una presencia a mis espaldas, y ver un brazo estirarse a mi lado para hacerse con aquel libro que hacía diez minutos intentaba obtener.
Encima de mi infortunio tendría que lidiar con algún desatento sujeto para poder terminar mi dichosa tarea pensé.

-¡¡Yo intentaba tomar ese libro!! –Exclamé con algo de vacilación y vergüenza al descubrir al usurpador.
-Lo sé, pero hace diez minutos que estas tratando de alcanzarlo y pensé en echarte una mano. –El chico me observó y sentí perderme en sus agraciados ojos verdes, su mirada escueta, su cabello castaño, cuyos mechones le caían graciosamente sobre el rostro y sus rosados labios los cuales dejaban entrever apenas su sonrisa.

El muchacho me miró con atención y sonrió. No me había percatado que llevaba unos cuantos segundos atónita.

-¿Lo quieres? –Mostrando aquel libro.
-Si, claro... –Notando el largo impas.
-¿Cómo te llamas?
-Zamanta ¿y vos? –Volviéndome a extraviar en su mirada.
-Alan, me alegra mucho conocerte Zamanta. –Comentó con calma, mientras notaba como la luz de la habitación parecía emanar de su rostro. –Ven te acompañaré hasta el mostrador, éste libro es muy pesado para que lo cargues sola. –Comenzando a caminar delante de mí.


Lo miré avanzar unos metros con impavidez ¿O yo estaba completamente delirante? ¿O éste era el chico más atractivo de toda la facultad?
Nos acercamos a la bibliotecaria, una mujer de unos cuarenta y tantos con cara de pocos amigos, que por cierto, estaba completamente perdida tras su computadora.
La mujer no pareció siquiera inmutarse ante nuestra presencia y nos tomo unos cuantos segundos hacerla reaccionar.

-¡¡Disculpe!! Me gustaría sacar este libro prestado. –Expresé en voz alta tratando de captar su atención. –Más la susodicha no se daba por aludida, mientras escribía concentrada en su computadora, lo cual llegó a indignarme. -¡¡Disculpe!! –Volví a interrumpir pero la mujer apenas levanto la mirada para vernos.
-¿Quiere sacar ese libro? –Pregunto con pereza.
-Si no es mucha molestia mi amiga quiere pedirlo prestado. –Se apresuró a decir Alan quien me sonrió con simpatía en tanto yo me sumergía tras esos maravillosos ojos verdes.
-¡¡Muy bien permítame su carnet por favor!! –Extendiendo su mano.
-Un momento lo tengo por aquí... –Había olvidado por completo el carnet a lo mejor estuviese junto a mis cuadernos. -¡¡Ahh!! Creo que lo dejé en la mesa.
-¡¡Aquí tiene!! –Exclamó el chico, entregándole aquel documento a la mujer, quien lo tomó de mala manera.
-Pero, yo necesito el libro... –Dije con agobio.
--No te preocupes Zamanta, para mí será un honor sacarlo, prestártelo y cuando termines de usarlo nos juntaremos para devolverlo, será una excelente excusa para volver a encontrarnos. –Alan me miró con fijeza mientras que yo sentía mi corazón palpitar algo agitado en el interior de mi pecho.
-Aquí tiene... –Exclamó la mujer entregándole el libro, el carnet y mirándolo con desdén.
-Gracias... –Expresé con timidez, era la primera vez que me sentía tan extraña y hasta cierto punto desorbitada con un hombre; y éste chico en particular emanaba encanto y magnetismo de manera muy natural.
-Bueno debo irme nos veremos pronto... –Dijo saludándome con la mano tras entregarme el libro.
-Adiós... –Alcance a decir a medias pues el chico salió con prisa del lugar.


Me quede observándolo tontamente, mientras divagaba en mis propios pensamientos. Por mas que lo intentaba no lograba apartar su angelical rostro de mi mente. Me sentía feliz contenta ¿pero todo esto a causa de un desconocido?


11 de Marzo del 2008

Ya habían pasado tres días desde la ultima vez que me cruce con Alan, esperaba con ansias encontrármelo en la facultad o en alguna de las clases, pero mis expectativas se desvanecían con el devenir de los días.

-Muy bien señores, eso es todo por hoy, los espero la próxima clase. –Dijo el profesor. –No olviden hacer sus tareas.
-¡¡Sí!! –Respondió el sequito de jóvenes con más ansias de escabullirse del salón que recordar sus recomendaciones.
-¿A quien buscas Zamanta? –Dijo Nara al notar mi mirada insistente hacía ambos lados del amplio corredor.
-Al chico que sacó el libro de fisiología a su nombre; me dijo que nos volveríamos a ver pero no me lo he cruzado. –Volviendo a retomar mi búsqueda.
-¡¡Ahh!! Supongo que te réferis al bombonazo que te ayudo el otro día y si yo fuera vos también lo buscaría. –Exclamó riendo mientras caminaba a mí lado.
-No es lo que pensás Nara... –Dije de mal humor.
-¡¡Zamanta!! Has estado con esa cara de embobada durante tres días, no lo niegues, te interesa, y bastante por lo que veo...
-Si sos feliz con eso ¡¡Cree lo que quieras!! –Respondí con indignación pero era verdad no había podido dejar de pensar en él.
-Regresemos juntas a la pensión. Dijeron en el noticiero que una chica desapareció ayer de la facultad de derecho. –Exclamó Nara frotándose ambos brazos.
-¿De la facultad de derecho? ¿La que esta a tres cuadras? –Inquirí con asombro.
-Si, los centros de estudiantes han estado repartiendo folletos toda la mañana, piensan que quizás haya sido secuestrada o algo así, sabes como están de moda esos delitos. –Aferrándose a mí brazo derecho.
-Tenés razón será mejor permanecer juntas. –Retomando la ruta de regreso a casa.


25 de Abril del 2008[/b]

Eran casi las ocho de la mañana, el amplio jardín de la facultad descansaba inerte y blanquecino por una leve escarcha caída en la madrugada. Casi ninguna figura pululaba en el mismo, sin duda la única que se había dormido era yo.
Aceleré el paso, estaba a unas cuadras del enorme edificio en donde se impartían las clases de anatomía. En el piso, un reguero de folletos yacían desplomados empapelando la ancha vereda de piedra.
Al parecer la policía y estudiantes estaban alertas, pues otras dos personas se habían desvanecido tras salir de sus clases el día viernes en otra facultad aledaña.
Muchos temían que todo aquello fuese obra de algún cínico o desquiciado con un oscuro propósito, el cual aún no lograban dilucidar pues no hallaron cadáver o rastro tras las desapariciones.
Escuche pasos a mis espaldas, gire deprisa, pero no halle a nadie detrás de mí, sin dudas me estaba volviendo paranoica. Retome el paso, pero no alcance a hacer uno o dos metros que nuevamente sentí el crujir de los folletos empantanados con varias hojas que habían comenzado a desprenderse de la arboleda.
Quise correr, pero ante el pánico de tener que voltear y la prisa por huir; mis libros se desplomaron en el suelo destartalándose por completo. No sabía si correr o recogerlos, lo cierto es que ninguna de las dos opciones era viable pues antes de que tuviese noción de mi situación alguien me aferró por el brazo.

-¡¡Zamanta!! –Dijo en voz alta tras mi fuerte alarido.
-¡¡Alan!! –Respirando con dificultad.
-Lo siento no era mi intención asustarte ¿Estas bien? –Ayudándome a recoger mis libros.
-Si... Perdón por gritarte en la cara, pero me espantaste... –Exprese tras un largo suspiro.
-Lo que menos hubiese querido era aterrorizarte Zamanta... –El chico me sonrió mientras permanecía con mis libros entre sus manos.
-¿Qué haces aquí? –Acortando el incomodo silencio surgido entre los dos.
-Yo curso aquí –Dijo mientras me miraba con atención.
¿Por que no te había visto antes? Te busque para devolverte el libro pero no te encontré y... –Guarde silencio era extraña su ausencia ahora que reparaba en ella.
-Bueno estuve con un fuerte resfriado, los cambios climáticos suelen afectarme de esa manera ¿Querés que te acompañe? ¿Cursas Anatomía? –Inquirió sin pausa lo que me causo gracia.
-Sí ¿también tenés clases? –Tratando de recuperar mis libros de sus manos.
-Si, me gustaría que entráramos juntos, aún no he hecho amigos aquí en la facultad y sos la única persona a la cual conozco. –Dijo mientras transitábamos la ancha vereda de piedra.
-Pues es una lastima que no conozcas a nadie más. – Contemplándolo extasiada tras lo cual pude sentir un intenso cosquilleo en la boca del estomago.
-Yo creo todo lo contrario... –Deteniéndose junto a mí y mirándome a los ojos, lo cual me puso mucho más nerviosa.
-¡¡Así!! –Exprese con vacilación mientras le sonreía.
-La verdad es que no esperaba conocerte Zamanta... yo... me siento bien con vos como si estuviésemos conectados. Es algo raro o difícil de expresar en palabras pero he pensado mucho en ti... –Comento nervioso.
-Será por que tengo tu libro... –Dije en tono burlón mientras le sonreía nerviosamente.
-Quizás... –Agachando un poco la cabeza mientras ocultaba su blanquecina sonrisa.



30 de Mayo del 2008

Tras los insistentes pedidos de Nara, y para que dejará de fastidiarme, presente a Alan a todo el grupo.
El chico fue bien recibido por todos a excepción de Eric, quien le mostró su habitual y poco disimulado eufemismo, tras varias críticas a cada idea o sugerencia formulada por Alan.
A diferencia de su rival, el muchacho trataba de restarle importancia ensimismándose en alguna que otra charla conmigo o con Nara quien no paraba de hacer alusivos comentarios con respecto a mi relación con él.
Si bien hacia poco mas de dos meses que nos conocíamos, nos complementábamos a la perfección. Él terminaba cada una de mis frases y entendía mis indirectas o mis sentimientos denotados en mi rostro con algo de disimulo.
Me gustaba estar con él, disfrutaba caminar a su lado, charlar de nuestros gustos e inquietudes, de nuestros seres queridos y origen dejados atrás para consolidar nuestros sueños en un porvenir no tan distante.
Alan me contó que era oriundo de la preciosa ciudad de Neuquen, de la cual me relataba fascinantes historias de sus paisajes, de sus leyendas, de su feliz infancia. Me hacía sentir un poco mas como en casa, en mi querida Bransen a la cual no olvidaba ni un solo instante.
Sentía una gran atracción por él y si mi intuición no me fallaba, esa misma fuerza era expelida en ambas direcciones. Lo percibía en sus ojos, los cuales parecían extraviarse en mi mirada, en su sonrisa, la cual resplandecía como la más esplendorosa mañana, o en la simpatía de sus gestos y en los frustrados intentos por apoderarse de mi mano mientras caminábamos juntos mirando el atardecer.

-¡¡No puede ser!! –Proferí en voz alta y con agobio.
-¿Qué ocurre Zamanta? –Pregunto Nara.
-No aparezco en las listas de exámenes... –Comente frustrada.
-Pues creo que yo tampoco. –Buscando su nombre.
-No se preocupen, he oído a otros compañeros con el mismo problema. –Objeto Alan quien se acercó a nosotras y me aferró de la cintura, para mi sorpresa y la de Nara.
-¡¡Alan!! –Dije en voz baja.

El chico me miró y sonrió entrecerrando un poco aquellas dos preciosas esmeraldas. Lo contemple extasiada, tras lo cual mordí con suavidad mis labios. Apreciaba con ahora claridad un abrasador fuego carcomer cada célula de mi cuerpo, liberándose a través de mis enrojecidas mejillas.

-Me gustaría hablar contigo Zamanta, a solas sino te molesta Nara. –Mirando a la chica con simpatía.
-¡Por mi no hay problema! –Expresó más emocionada que yo -no la dejes sola Alan y acompáñala a la pensión. –Expresó con la misma naturalidad que mi madre. -¡¡Nos vemos en casa Zamanta!! –Grito agitando su mano al aire mientras corría rumbo a la puerta.
-¿Quieres tomar algo? –Dijo Alan riendo.
-Si, me encantaría. –Comenté con una poca disimulada ansiedad.


Salimos de la facultad rumbo a la cafetería que algunas veces frecuentábamos en grupo, pero esta era la primera vez que íbamos solo los dos.
Antes de salir a la calle una inesperada persecución nos detuvo en el acto. A nuestras espaldas, Eric, se aferraba a sus rodillas algo extenuado por la larga carrerilla.

-Hola Zamanta... –Dijo con dificultad e ignorando por completo a Alan.
-¡¡Eric!! ¿Qué te ocurre? ¿Te encuentras bien? –Notando su inesperada precariedad para mantener una respiración uniforme.
-¿Adónde ibas? –Incorporándose un poco.
-¡¡Ahh!! Bueno íbamos... –Dije casi tartamudeando pues al parecer mis esperanzas de estar a solas con Alan, como deseaba desde hacía tiempo, siempre se veía frustrada por alguno de mis amigos.
-Zamanta y yo necesitamos hablar. –Expreso Alan con seriedad.
-Bueno los acompaño... –Sentencio con rapidez.
-Este... –Ahí iba mi vigésimo intento por tener algo más de intimidad, con el chico que tanto me gustaba.
-En realidad, Eric, necesito hablar con Zamanta a solas, así que si no te molesta nos vamos. –Objeto Alan aferrándome del brazo y arrastrándome rumbo a la cafetería.
Mientras el chico me remolcaba, pude notar la cara de agobio y enfado de Eric contemplándonos desde la lejanía.


El café de Bellas Artes era un precioso y amplio lugar cuyo pórtico de entrada lucía varios tallados en madera. Beldades aladas de cuerpos agraciados cuyos danzarines cabellos parecían ser arremolinados por una dulce brisa veraniega; “hadas” así las nombraban los más afamados cuentos infantiles. Perfiles de caballos fantásticos y pequeñas flores enmarcaban dos grandes ventanales a través del cual se filtraban los rayos dorados y anaranjados del atardecer hacía el interior del recinto.
Todo aquel fastuoso portal parecía extraído de una leyenda fantástica y era el preludio de un entrañable lugar repleto de curiosidades, obras de artes y otras chucherías que lo hacían sumamente atractivo no solo para los estudiantes, quienes solíamos perder varias horas de nuestras vidas allí, sino también un lugar de encuentro para varios extranjeros quienes no perdían la oportunidad de fotografiar aquella visión tan particular.
El café constaba de varias mesillas dispuestas en la planta baja y unas escalerillas, también de madera que conducían al primer piso. Las mesas eran circulares acompañadas de sillas color rojas; carpetas triangulares coloradas tejidas a mano y colocadas sobre amplios manteles blancos que caían hasta el piso de cerámica. Cada mesa estaba adornada con flores blancas y rosadas apostadas en floreritos de cristal transparente, ceniceros trabajados en cerámica con formas de tangueros o los tradicionales bandoneones que le dan vida a cada sonata del tango.
Una rocola vieja se ubicaba cerca de la barra y la caja registradora y dejaba oír melodías de las más variadas, elegidas a gusto y conveniencia del cliente.
Nos sentamos en una de las mesas dispuestas junto a uno de los ventanales. Un exquisito y dulzón aroma a flores frescas entremezcladas con el penetrante olor del café, pululaban con insistencia en el ambiente.
Me ensimisme por unos instantes contemplando el atardecer mientras esperaba a Alan quien había desaparecido por unos instantes de mi vista. ¿Qué era lo que Alan quería hablar conmigo? Esta pregunta me produjo una severa taquicardia.

-Elegiste un lugar bellísimo Zamanta. –Expresó el chico con tranquilidad apareciendo de la nada y sentándose frente a mí.
-Creo que fuiste algo descortés Alan. –Observándolo ubicarse en su asiento.
-¿A que te referís? –Mirándome atónito.
-Hablo de Eric…
-¿Querías que viniera a caso?
-No es por eso… es decir… bueno me pareció mal dejarlo así. -comente con nerviosismo.
-No quiero que se acerque a ti Zamanta; me fastidia el hecho de verlo rondarte... –Exclamó de mal humor.
-¿Te fastidia? –Inquirí con una sorpresa y alegría que no lograba contener.
-Claro que sí... –Haciéndole señas a una de las camareras del lugar.
-¿Por que? –Dije casi tartamudeando.
-No es obvio Zamanta. –Tomando mis manos entre las suyas.
-Alan yo... –Estaba tan nerviosa que me costaba articular unas simples palabras.
-Buenas tardes ¿qué va a tomar? –Pregunto la moza tras lo cual el chico me soltó.
-¡¡Ahh!! –Dije algo sobresaltada no solo por la entrada súbita también por los crecientes nervios que me desbordaban. –Quiero un café... –Observando a la chica quien contemplaba persistentemente a Alan con simpatía.
-Dos cafés... –Dijo el chico tras lo cual la muchacha pareció despedir chispas de colores por los ojos.
-¡Por supuesto! en unos minutos le traigo su pedido. –Sonriéndole por última vez y escabulléndose en la barra mientras cuchicheaba con otras empleadas.
-¡¡Que desfachatez!! Veo que muchas mujeres hoy en día se regalan. –Sentencie molesta.
-¿Estas celosa? –Pregunto él con picardía.
-¿Por qué habría de estarlo? –Tratando de ocultar mi mal humor.
-Entonces no te molestará que la invite a salir es una chica preciosa... –Exclamó riendo y mirando hacía la barra, lo que basto para que saltara mi térmica.
-¿Sabes qué? Hace lo que quieras, me tiene sin cuidado, pero tranquilo no interferiré en tu cita. –Recogiendo las cosas de mi silla; estaba tan furiosa con sus palabras que no lo pensé ni por un instante, la sola idea de ser el mal tercio me irritaba.
-¿Te vas? –Incorporándose.
-Por supuesto fue una mala idea venir...


Tras estas palabras salí como disparada por un rayo de aquel bar. Camine con gran rapidez las sendas subsiguientes tratando de esquivar a la gente que parecían transitar torpemente por la avenida.
Conforme la velocidad de mis pasos aumentaba mi ira se desvanecía aplacada por la fría ventisca que golpeteaba sobre mi rostro. Trate de secar algunas desfachatadas lágrimas que se desparramaban de mis ojos. No tenía por que sentirme así, después de todo Alan y yo no éramos absolutamente nada.
Estaba a pocas cuadras de la pensión cuando sentí un fuerte tirón en mi brazo derecho. Al girarme con brusquedad, mis ojos se encontraron con la mirada penetrante de Alan quien me observaba con dulzura.

-¿Estas llorando? –Acercándose un poco a mí.
-¡No! debe ser el frío ya se empieza a sentir en el ambiente. –Dije tratando de disimular la tristeza.
-¿Así? –Dijo él aferrándome por la cintura mientras me miraba con insistencia a los ojos.
-¿Qué haces Alan? ¿Acaso te perderás tu cita? –Desviando mi mirada.
¡¡Te amo Zamanta!! Y me perdería miles de citas solo por estar un efímero segundo contigo. –Expreso sonriente mientras apartaba algunos cabellos de mi frente. -Entenderé si tú no sientes lo mismo... –Aproximando su rostro a escasos centímetros del mío.
-Alan... yo... si... –Dije suspirando; por alguna razón no podía concentrarme en mi voz, solo en la suya.
-Si te gusto... –Mientras me arrimaba un poco más a él.
-Mucho... –Entregándome al beso más apasionado y exquisito que jamás haya disfrutado.


Alan volvió a apoderarse de mi cintura rodeándome entre sus brazos mientras me estrujaba con fuerzas contra su cuerpo. A medida que el beso se intensificaba, una batahola de emociones refulgía en mi interior desbordando mi corazón.


20 de julio del 2008

Estaba tan feliz; si bien mi objetivo era convertirme en toda una veterinaria jamás me hubiese esperado conocer a un ser tan maravilloso y especial como Alan.
Hacía un mes que salíamos y cada segundo junto a él mi vida se colmaba de las más fascinantes emociones nunca antes vividas. Pasábamos tanto tiempo juntos que creía que me faltaba el aire en su ausencia.

-¡¡Que carita!! –Exclamó Nara en tono burlón. –Estas completamente loca por él ¿no es verdad? –Pregunto mientras tiritaba un poco por el frío.
-Lo amo con todo mi corazón. –Exprese entre risas ante lo cual mi amiga me imito. -¿Nos encontraríamos con los chicos acá? –Pregunte mientras observaba el cartel de la pizzería titilar sin descansó.
-Si, ya le envié un mensaje a Walter pero no me ha respondido. Ayer quedamos en vernos a las puertas de la pizzería pero desde la mañana no se ha comunicado. –Dijo Nara comprobando el celular
-Esperemos a dentro... –Dije tras él ultimo temblequeo. –Quizás haya tenido que trabajar hoy.
-¿Y Alan? –Inquirió Nara.
-Debe estar por llegar, pero mejor entremos con tantos secuestros no se puede uno arriesgar a estar en la calle. –Exprese con temor.

Entramos con rapidez por suerte aquel lugar se hallaba casi vacio. Las dos buscamos una mesa cómoda cerca de la barra. Los mozos iban y venían preparando las mesas a nuestro alrededor. Esa noche seríamos solo los cuatro, como la salida sería en pareja lamentablemente Eric no podría asistir.

-¿Cómo tomo Eric el desplante? –Pregunte a Nara.
-Pues no le dijimos nada. Sabes que no le cae muy bien Alan y desde que los dos están de novios pues... esta algo molesto pero ya se le pasará. –Comento no muy convencida
-Eso espero… iré al baño un momento. –Levantándome de la silla.
-Aquí te espero.


Me levante de la silla, tomé mi cartera y me dirigí hacía el baño. No tardé más de diez minutos allí pero al volver Nara no se encontraba en la mesa, pero en su lugar se hallaba Alan quien me hizo unas señas con la mano para que me acercara.

-Hola Zamanta... –Profirió sonriente.
-Alan... ¿cuándo llegaste?
-Recién... –Estrechándome entre sus brazos y dándome uno de sus adictivos besos. –Zamanta tenemos que hablar...
-¿Qué ocurre? ¿Te pasa algo?
-Bueno es largo de explicar... necesito que me escuches. –Pronunció con preocupación.
-Esta bien ¿pero donde esta Nara?
-No estaba cuando llegué. –Sentenció el chico.
-¿Cómo que no? Ella se quedó esperando aquí... –Mirando a diestra y siniestra.


Miré en todo el lugar mas no logré avistarla. Volví al baño pero estaba segura de no haberla visto en ese lugar. Regresé al salón. Alan me observaba ahora desde afuera de la pizzería. Recogí mis cosas y lo seguí.

-Alan ¿la viste? –Notando su mirada algo perdida hacía un oscuro callejón de enfrente.
-Zamanta... yo... –Guardando silencio como si no se hubiese atrevido a seguir con una confesión.
-¿Aún buscas a tu amiga? –Exclamó una voz masculina al otro lado de la avenida.
-¡¡Eric!! –Dije con sorpresa al ver al chico parado como estatua.
-Ya no la encontrarás aquí... –Expreso serio.
-¿A que te refieres? –Inquirí tras cruzar la calle.
-No te lo dijo... él se los llevó, al igual que al resto... –Eric se acomodó el cabello mientras lucía algo perdido.
-¿Él? ¿A que te refieres? ¿Dónde está Nara? –Inquirí preocupada
-Sinceramente no me percate antes pero ahora estoy seguro ¿los has llevado a todos verdad? –Exclamó mirando a Alan quien ahora estaba a mis espaldas.
-Todo es como debe ser Eric. –Exclamó con calma.
-¡¡Tú no tienes derecho de apartarlos de mi lado!! -grito -¿Quién crees que eres para hacer algo así? –Reclamó furico. –Por suerte no tendrás todo lo que quiero. –Dijo riendo.

Pude sentir un fuerte empujón tirar de mi cuerpo hacia atrás sujetándome con ferocidad. Eric me estrujó fuertemente y colocó una afilada navaja contra mi cuello la cual presiono sin delicadeza alguna. No podía creer lo que me sucedía ¿Acaso Eric estaba loco? ¿Por qué hacía todo esto? La fría hoja de acero provocaba un increíble temblor en todo mi cuerpo

-¿Qué haces? ¡¡SUÉLTAME!! –Forcejeando con él. -¡¡Alan ayúdame!! –Sintiendo la intensa punzada en mi garganta provocando una dolorosa herida en mi cuello.
-No puedo Zamanta... –Dijo entre cerrando los ojos.
-¿De que hablas? ¡¡Ayúdame!! –Mas el chico me miraba taciturno y triste.
-¿No lo comprendes Zamanta? siempre serás mía nadie te arrebatará de mi lado. –Tras sus palabras pude sentir su lengua resbalar desde mí ensangrentado cuello hasta mi cien.
-¡¡SUÉLTAME ERIC!! ¡¡ALAN!! Por favor... –Tenía miedo, terror, espanto sabía que iba a morir pero no entendía la falta de reacción del hombre a quien más amaba.
-Debes liberarte sola Zamanta, combatir tus temores... combatirlos con el pensamiento. –Explico Alan mientras Eric lamía con ansias la sangre de mi cuello.
-Alan... ¿de qué hablas? –Sentí un intenso mareo ¿Acaso moriría desangrada? Intente forcejear un poco pero mis fuerzas casi se desvanecían.
-Escúchame Zamanta él no tiene poder sobre tu persona. Debes recordar ¿por que estas aquí?
-No comprendo Alan... –Mi vista comenzó a nublarse.
-Piensa en nuestro encuentro, en las cosas que has vivido últimamente ¿recuerdas?-Mirándome con dulzura.
-¿Nuestro encuentro?-Inquirí confusa.
-No dejes que te arrastre otra vez ¡¡debes liberarte!! Por eso estoy aquí, por eso me enviaron, pero yo no puedo ayudarte tendrás que recordar sola ¡¡Dame tu mano!! –Estirando su brazo -¡¡Ven hacía mí!!


Alan estiro su mano derecha. Intente asirla mas las fuertes presiones de Eric dificultaban que tuviera algo de control sobre mi cuerpo.
Miré a mí alrededor ¿por qué ninguno de los transeúntes acudía en mi ayuda? ¿Acaso nadie veía que éste psicópata quería arrebatarme la vida? ¿Por qué eran tan indiferentes? ¿Por qué?
Luego lo recordé, la primera vez que nos vimos, la mirada atónita de la bibliotecaria y su falta de respuesta hacia mí; me había tratado como todas estas personas que ahora caminaban ensimismadas en sus charlas, en sus problemas y dilemas, les era tan indiferente como le fui a esa mujer. Mi ausencia en las listas de exámenes, la actitud de la camarera con Alan, como si yo no estuviese ahí ¿Realmente estaba allí?
Volví a hacer un enorme esfuerzo y estire mi brazo hasta tocar su mano. Alan me sujetó con fuerza empujándome hacía él. Eric pegó un fuerte alarido y me soltó algo espantado.
Abrasé a Alan sollozando y me aferré a su pecho, mientras éste acariciaba mis cabellos.

-Sabía que lo lograrías, tenía confianza en ti. –mirándome a los ojos.
-¡¡MALDITO!! –Grito Eric con furia y espanto tras lo cual se desvaneció entre las sombras de aquel callejón.
-¿Qué es lo que pasa Alan? –mirándolo a los ojos.
-¡¡Ven conmigo!! –Dijo tras lo cual sentí un intenso empujón que me obligo a sumergirme en sus brazos.
-Abre los ojos... –Exclamó con tranquilidad pues yo me había mareado por un momento tras el sacudón.


Frente a nosotros se alzaba el edificio de la facultad. Caminamos en silencio por el parque. Me sentía algo abrumada ¿Cómo era que habíamos llegado tan rápido?

-¿Adonde vamos Alan? –Pregunte confusa.
-Aquí... –Abriendo las puertas de entrada al edificio.
-¿No cierran esto de noche? –Notando la facilidad que había tenido el joven para adentrarse al recinto.
-No para mí –Exclamó sonriente. –Quiero que mires esto... –Acercándose a una pequeña estantería en donde varias fotos y algunas flores marchitas descansaban apacibles detrás del cristal.
-Esta soy yo... –Pronuncie al ver mi foto en el aparador, pero lo que más me turbo fue el hecho de hallar la siguiente inscripción.


[center]“En memoria de las seis almas perdidas en el 2008. Que en el infinito regazo de Dios hallen la paz y la tranquilidad que les fue arrebatada en vida”[/center]

-¿Qué significa esto? –No entendía lo que pasaba ¿Por qué decían que estaba muerta si yo estaba ahí?
-Hace exactamente dos años. –Prosiguió él. –Vos Zamanta, Nara, Walter y otras tres personas desaparecieron de ésta y de otras facultades aledañas.
Tras las exhaustivas pesquisas de la policía y el esfuerzo mancomunado de los centros de estudiantes pudieron detener al perpetrador.
-¿Eric? –Inquirí espantada.
-Así es; la policía intento cercarlo, huyó y lo persiguieron hasta encontrarlo en este lugar cerca de la sala de Anatomía. Le dieron muerte aquí y encontraron sus cadáveres dentro de las viejas piletas de formol.
-¡¡NO ES MENTIRA!! ¡¡Yo no estoy muerta Alan!! –Grite con horror, todo aquello debía ser una estúpida pesadilla.
-Es verdad Zamanta... –Dijo una voz femenina a mis espaldas.
-¡¡Abuelita!! –Inquirí con asombro tras ver la figura renovada de mí fallecida abuela.
-Es hora mi niña... te he estado esperando desde hace tanto tiempo...
-Pero... ¡¡Alan!! –Volviéndolo a mirar. -¿Cómo es que tú?-Él me miró y tras acercarse acariciando mi cabello
-Yo soy lo que ustedes conocen como el ángel de la muerte, la parca, la segadora de almas y otro sin fin de significados. Mi deber era llevarlos a todos; ayudarlos con el cruce.
Vos y tus dos amigos fueron los casos más difíciles que tuve que enfrentar en este trabajo; los tres se aferraban a la vida con tanto ahínco que tuve que actuar de otra manera.
Finalmente pude llegar a ustedes de otra forma… a través de ti Zamanta. –Alan acaricio mi rostro con dulzura.
-Alan... ¿entonces todo fue mentira? ¿Solo te acercaste a mí para apartarnos de Eric? –Sentí un profundo vació en mi alma aún que en teoría yo era una.
-¡¡Zamanta!! Yo te amo de verdad, por eso quise decírtelo pero no tenía el valor... no quería verte sufrir pero tampoco quería que padecieras esto otra vez.
-¿Padecerlo otra vez? –derramando unas lagrimas.
-Has estado viviendo esta situación durante los últimos dos años...
-¿Dos años? –Expresé con sorpresa.
-Si, hoy es 20 de Julio 2010... –Tomando mi rostro entre sus manos. -¡¡Te amo!! –Besándome en los labios. Tras su cálido beso pude sentir el maremoto de emociones que cotidianamente acudían a mí cuando estaba con él.
-¿Pero como puede ser? ¿Eres la muerte? –Dije con un poco de escozor ante lo cual él rió.
-Somos ángeles Zamanta, al igual que tu ángel de la guarda, o los ángeles del amor llamados cupidos, o los miles de ángeles sobre esta tierra a quienes los mortales se rehúsan a ver.
-¡¡Un ángel!!
-Así es y hay miles de nosotros en todo el mundo, en todos los planetas, en todos los sistemas. Cuando decidí correr el riesgo y ayudarte me convertí en un semí Dios, al igual que ustedes dioses dormidos... Yo decidí quedarme aquí por ti, por que me enamoré como jamás lo hubiese concebido en mi larga y excelsa vida.
-¡¡Alan!! –Abrazándolo con fuerza.
-Debes irte ya es hora... –Mientras me miraba a los ojos por ultima vez.
-Yo también te amo y no quiero perderte Alan. –Derramando varias e incontenibles lagrimas.
-Zamanta... –Enjugando con sus dedos aquellas cristalinas gotas.
-¡¡Debemos irnos Zamanta!! –Profirió mi abuelita parada frente a un inmenso túnel de luz.
-No te preocupes volveremos a vernos... –Alan me acaricio el rostro y volvió a besarme con intensidad.
-¿Lo prometes? –Dije apartándome de él mientras sostenía aún su mano y caminaba hacía aquella magnificente luz.
-Lo prometo yo te buscaré... –Expreso sonriente mientras liberaba despacio mi mano.
-¡¡Te amo Alan!!

Eso fue lo ultimo que recuerdo de aquella vida. Desde entonces lo espero y lo esperaré por que después de todo ¡¡Una promesa es una promesa!!

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Re: Promesa Eterna [Original]

Mensaje por XxcrockerxX el Lun Oct 18, 2010 1:17 am
que historia tan linda pero la mejor parte vino al final te la rifaste Tongue Tongue Tongue
PD: que firma mas chingona
I am the bone of my sword.
Steel is my body and fire is my blood.
I have created over a thousand blades.
Unknown to death.
Nor known to life.
Have withstood pain to create many weapons.
Yet, those hands will never hold anything.
So, as I pray, Unlimited Blade Works.

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Re: Promesa Eterna [Original]

Mensaje por ArwenUndomiel1 el Lun Oct 18, 2010 12:07 pm
XxcrockerxX escribió:
que historia tan linda pero la mejor parte vino al final te la rifaste Tongue Tongue Tongue
PD: que firma mas chingona



Gracias Love por dejarme tu comentario jeje en cuanto a la firma me llevo más de dos horas hacerla

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Re: Promesa Eterna [Original]

Mensaje por -Bernkastel el Lun Oct 18, 2010 12:46 pm
Vaya que gran historia, me quede totalmente absorto en ella (hasta creo que estaban tocando el timbre X3 X3 ), en serio demasiado buena, me hubiese gustado que se hubiese desarrollado un poco más (solo un poco) la pareja de amigos de Zamanta, pero, aparte de eso y para no hacer spoiler solo me queda decir muchas gracias; saludos.

Reed-Clow



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Re: Promesa Eterna [Original]

Mensaje por ArwenUndomiel1 el Lun Oct 18, 2010 6:35 pm
Hola reed-clow jejeje en realidad era una historia que tenia un limite de palabras la hice para el concurso de mca con tematica romantica y me quedo rara y poco romanticona pero la extendí y corregí solo algunas cosas la escencia es la misma pero ya iremos mejorando saludos y gracias por leerla
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