[DD] Dragon Ball Z Dvdrip Español Latino/Japones 256/291
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Antes de que los mundos fuesen, antes de que toda criatura y lo que es materia surgiera a la vida, ya existía El Espíritu Divino.
Nada había sido creado, nada había en torno al Ser Divino y, sin embargo, amaba y se sentía Padre.
Encontrábase el Espíritu Divino lleno de amor, a pesar de existir sólo Él.
¿A quién amaba? ¿De quién se sentía Padre? De todos los seres y de todas las criaturas que habrían de brotar de Él y cuya fuerza estaba latente en su Espíritu. En aquel Espíritu estaban todas las ciencias, todos los elementos, todas las naturalezas, todos los principios. En Él estaban la eternidad y el tiempo. En Él estaban el pasado, el presente y el futuro, aun antes de surgir a la vida los mundos y los seres.
Aquella inspiración divina se hizo realidad bajo la fuerza infinita del amor divino, y comenzó la vida. El seno de Dios se llenó de seres, y en todos se manifestó el amor, el poder y la sabiduría del Padre.
La Creación tiene vida y manifiesta el poder y la fuerza de vuestro Señor. Dios no es complicado, misterioso, ni confuso en Su Creación, porque lo perfecto es simple.
En Su Creación todo vive, crece y se perfecciona. Sois los espíritus que desde el principio de la Creación habéis recibido una misión. Sois chispa del Espíritu y habéis sido dotados de razón, de voluntad e inteligencia. Habeis sido formados a imagen y semejanza de El, y por lo tanto, estáis preparados para pensar, sentir y amar.
Sí la Creación es alimentada por El y todos los espíritus viven como las ramas de un árbol, tomando la vida de él y alimentándose de su savia, ¿cómo podéis pensar que El se encuentre distante o que sea indiferente a vuestros padecimientos, si Es vuestro Maestro, vuestro Doctor y vuestro Padre?
Vuestro espíritu fue creado con atributos adecuados para seguir por la escala de perfección y llegar a la meta determinada en los altos designios del Señor. Fue creado para la lucha, para la elevación; no fue creado para la inercia, para la inmovilidad. He ahí por qué algunos espíritus han llegado a ser grandes, inspirados en el amor divino y en las bellezas creadas por Dios.
Dentro de esos espíritus, hubo los que, siendo grandes en sí pero pequeños ante lo infinito de Dios, quisieron, virtud a su libre albedrío, desafiar los designios del Padre, descendiendo por su propia voluntad a moradas y senderos creados por ellos, los cuales los apartaron del camino de perfección y de la casa del Padre; ese acto fue su primera caída, su primera desobediencia, su primer error.
Basta una sola imperfección para desarmonizar en el concierto del amor divino y sus resultados sólo pueden evitarse volviendo al camino, al arrepentimiento definitivo y a la obediencia.
Desde que se levantó el primer desobediente delante de Su Ley, ¡cuánta miseria y cuántas tinieblas dejó a su paso! desde entonces existe el mal como una fuerza invisible. El permitio que existiera esa fuerza sólo para someteros a prueba y por vosotros mismos quiere exterminarla.
Muchos espíritus volvieron arrepentidos y rendidos, llenos de dolor pero también de esperanza, a pedirle al Padre que les purificase de aquellas faltas.
Unos habían descendido movidos por la ambición, otros por la curiosidad. El curioso es un intruso en el dominio ajeno, así como el desobediente es el más terrible enemigo de sí mismo; mas aquellos que pronto volvieron al Padre en busca de perdón, fueron recibidos por el Amor perfecto. Sus vestiduras les fueron desmanchadas, sus amarguras borradas y su luz volvió a brillar.
Mas no todos regresaron mansos y arrepentidos de su primera desobediencia, de su primer acto de soberbia. No, muchos llegaron llenos de soberbia o de rencor. Otros, avergonzados y conociendo su culpabilidad, quisieron justificar sus faltas ante Mí, y lejos de purificarse con el arrepentimiento y la enmienda, continuaron creando, ayudados por sus atributos, una vida alejada de las leyes de amor de su Padre.
Así esos seres cayeron en nuevos y desconocidos estados de vida; al darse cuenta de que estaban dotados de grandes dones, de que tenían inteligencia y fuerza para crear por sí mismos, y creyendo ascender a cada paso, fueron cayendo lentamente hacia el abismo. Ahí crearon una vida artificial y permitieron que se desarrollara la violencia, el egoísmo, la necedad, lo absurdo y la ceguera espiritual.
Y en cada paso que los alejaba más y más del sendero de justicia, mi voz les llamaba diciéndole: -Deteneos, volved a Mí-. En la conciencia vibraba mi voz, exhortándoles a detenerse.
Fuisteis libres y grandes pero después os hicisteis misioneros de vuestras pasiones, degenerando espiritual y moralmente.
Y así muchas criaturas espirituales habrían de necesitar tomar forma corpórea para habitar en mundos materiales para así evolucionar, ya que, en virtud del libre albedrío del que fueron dotados, hubo espíritus que, alejándose del camino de perfección que su Padre les había trazado, decidieron crear sus propios senderos, alejándose del seno de Dios; mas el Padre, siendo infinito y anhelando ser comprendido por todos sus hijos, formó el Universo y la vida material como un apoyo para esas criaturas, y dentro de ella creó una de vuestras moradas pasajeras: este mundo.
El Padre con paciencia perfecta, infinita, fue forjando y preparándolo todo, para que el hijo no encontrara imperfección alguna, sino que a cada paso y en cada obra encontrara la huella de su Padre; porque todo quedó dispuesto desde el principio como un libro, a través de cuyas páginas y con el paso de los tiempos encontrarais la respuesta anhelada a la pregunta que me haríais: ¿Quién soy, de dónde he venido y a dónde voy?
Pero en verdad os digo: Elías ha sido siempre antes. Antes de que el hombre llegase a morar el planeta, Elías vino para darle ambiente espiritual, para inundar de esencia espiritual todos los ámbitos de vuestra morada, para dejar convertido este planeta, no solamente en un paraíso terrestre, sino en un santuario para el espíritu, para que el hombre no se inclinara solamente ante la Naturaleza para adorarla, sino que por medio de la Naturaleza descubriera la presencia de su Dios.
Y cuando todo estuvo preparado, doté a vuestro espíritu del cuerpo que le serviría de báculo, de vestido para habitar un mundo maravilloso, creado con sabiduría y perfección para él; como un libro que con todas sus lecciones y bellezas se ofrecía a los hijos del Señor, como una escala que comenzaba en ese mundo y se perdía en lo infinito.
¿Es acaso Elías vuestro Padre? No. ¿Es acaso el Espíritu Santo? Tampoco. ¿Quién es entonces Elías? Elías es el gran espíritu que está a la diestra de Dios, que en su humildad se nombra siervo del Padre y por su conducto, como por el conducto de otros grandes espíritus, muevo al Universo espiritual y llevo a cabo grandes y altos designios.
Sí, mis discípulos, a mi servicio tengo multitudes de grandes espíritus que rigen la Creación.
Entonces os preguntáis: -¿El Padre no es Aquél que todo lo hace?- Y Yo os contesto: -Yo soy el que todo lo hago, porque sin Mí nada se movería; pero así como he dado vida a muchos espíritus, a todos les he dado parte en mi Obra, en mi trabajo, sitio en mi Creación, lugar digno a mi diestra.
Sembró el Señor de bendiciones el camino que habrían de recorrer Sus hijos; inundó de vida el Universo y llenó de bellezas la senda del hombre, en quien depositó un destello divino: el espíritu, formado de amor, de inteligencia, de fuerza, de voluntad y de conciencia; mas a todo lo existente lo envolvió en Su fuerza y le señaló su destino.
Yo lloré vuestra partida desde el instante en que dejasteis la morada espiritual para ir a la Tierra. Desde entonces han sido mis lágrimas y mi sangre las que os han perdonado vuestros pecados, y mi voz dulce y serena no ha dejado de aconsejaros en vuestra jornada.
El Padre quedaba ahí, como el principio de todo lo existente; y luego de ofrecer al Universo el camino de la evolución y el perfeccionamiento, se quedaba en espera del retorno de sus hijos, para que en Él encontrasen también su final que sería la perfección del espíritu en la eternidad.
Ese camino trazado a cada elemento, a cada criatura y a cada especie, era ley que el Creador escribió imborrablemente en Sus hijos desde el principio: la ley de evolución.
Mi sombra os ha seguido por todos los caminos. Yo soy quien en verdad os ha extrañado, vosotros no, porque cuando partisteis os sentíais fuertes y creíais que ya no necesitabais de mi apoyo.
Vuestro camino fue el libre albedrío, vuestros sentidos se dilataron para aspirar y palpar cuanto os rodeaba y fue necesario que cayeseis muy abajo para que volvierais vuestros ojos nuevamente hacia Mí.
Hasta entonces recordasteis que teníais un Padre a cuya mesa os sentabais. Entonces clamasteis a vuestro Señor, mas antes ya os había llamado Yo y estaba reclamando en mi mesa vuestra presencia.
Os había buscado, como el padre que vio partir pequeño a su hijo llevando la inocencia en su corazón y desconociendo el camino.
Vuestros números, vuestras ciencias más elevadas para medir y calcular los tiempos, no os bastarían para dar principio a una labor que solamente Dios puede llevar a cabo, por ser el Único que estará siempre más allá de los tiempos.
Sí, hijos míos, la consecuencia de todos los pensamientos, palabras y acciones que el espíritu tuvo en su principio por razón del libre albedrío, dio origen a las fuerzas invisibles, a las vibraciones del bien y del mal.
Los que en el uso del libre albedrío comenzaron a vivir en forma sana, tratando de alcanzar su bienestar y el del semejante, crearon vibraciones saludables, benéficas; y los que en el mismo uso del libre albedrío desoyeron la voz de la conciencia y se orientaron por las inclinaciones egoístas, propias de su soberbia, crearon fuerzas maléficas, engañosas.
Unas y otras vibraciones quedaron en el espacio espiritual, prestas a aumentar o disminuir su intensidad e influencia, atraídas según fueran los pensamientos de los espíritus, según sus obras posteriores, pero esas fuerzas invisibles no habrían de quedar aisladas de la evolución de los espíritus. No, discípulos, esas vibraciones quedarían latentes sobre todos los seres.
Los que eran inspirados por la luz de la conciencia, sabían rechazar las malas influencias y buscaban las vibraciones benéficas y saludables; y los que en el uso del libre albedrío hacían obras opuestas al dictado divino, atraían las vibraciones perversas, insanas, aumentando su confusión; y de ese equilibrio provienen las enfermedades y las bajas pasiones que en vuestro mundo atormentan al hombre hasta vuestros días.
Yo que conozco vuestro principio y vuestro futuro en la eternidad, di a los primeros hombres armas con las que lucharan contra las fuerzas del mal; pero las despreciaron, prefirieron la lucha del mal contra el mal en la que nadie triunfa, porque todos resultarán vencidos.
Si me preguntáis cuáles fueron las armas que di a la Humanidad para luchar contra el mal, os diré que fueron la oración, la perseverancia en la Ley y el amor de los unos a los otros.
Os he hablado del origen de las fuerzas del bien y del mal; ahora os digo: Esas vibraciones habrían de llegar a todos los mundos que habría de formar, para probar a los hijos del Señor; mas con ello no buscaba vuestra perdición sino vuestro perfeccionamiento. Prueba de ello es que Yo siempre me he manifestado a mis hijos, ya hablándoos a través de la conciencia, ya doctrinándoos a través de mis enviados o haciéndome hombre entre mis hijos, como en aquel Segundo Tiempo a través de Jesús.
El mal existe, de él se han derivado todos los vicios y pecados. Los pecadores, o sea los que practican el mal, existen, lo mismo en la Tierra que en otras moradas o mundos; mas ¿por qué personificáis todo el mal existente en un solo ser, y por qué lo enfrentáis a la Divinidad? Yo os pregunto: ¿Qué es ante mi poder absoluto e infinito, un ser impuro, y qué significa ante mi perfección vuestro pecado?
¿Cómo os atrevéis a culpar a Dios de vuestras propias caídas, dolor e imprudencia? ¿Acaso queréis culparme por todo aquello que no viene de Mí sino que ha sido creación vuestra?
¿Queréis, por ventura, recoger amor cuando habéis sembrado lo contrario?
El dolor lo creáis vosotros y con él os hacéis justicia.
Yo no creé la muerte ni el infierno, porque al concebir mi Espíritu la idea de la Creación, sólo sentía amor y de mi seno sólo brotó vida; si la muerte y el infierno existiesen, entonces tendrían que ser obras humanas, por pequeñas; y ya sabéis que nada de lo humano es eterno.
Yo no hice este mundo para el dolor de los hombres; los mundos son lo que sus moradores quieren que sean. Ved cuánto ha deformado la verdad el hombre con sus malas interpretaciones, cuán distinto ha interpretado el sentido figurado con el que se le ha revelado la vida espiritual.
Conocedme todos, para que ninguno me niegue; conocedme, para que vuestro concepto sobre Dios esté fundado en la verdad y sepáis que donde se manifieste el bien, ahí estoy Yo.
El bien no se confunde con nada. El bien es verdad, es amor, es caridad, es comprensión.
El bien es preciso, exacto, determinado. Conocedlo para que no os equivoquéis. Cada uno de los hombres podrá ir por diverso camino, pero si todos coinciden en un punto, que es el bien, llegarán a identificarse y a unirse. No así cuando se empeñen en engañarse a sí mismos, dándole cariz de malo a lo bueno y disfrazando de bueno a lo malo, como acontece entre los hombres de este tiempo.
Todo en mi Creación es movimiento, armonía y orden que conducen a la perfección. Para que el hombre pueda despertar y la voz de su conciencia lo lleve a la realidad, no debe mirar la Creación sólo en su apariencia, desconociendo la esencia de ella. El hombre sin fe en la vida espiritual caerá en materialismo, porque contemplará como única vida la de este mundo; mas si llegara a hastiarse de sus placeres o a desesperarse en sus amarguras, ¿Qué acontecerá con él? Unos perderán su equilibrio mental, otros atentarán contra su existencia.
El hombre todavía no conoce su morada, la Tierra, cuya naturaleza aún le reserva muchas sorpresas. Y aún existen muchos mundos como el que os rodea. Pero si no es conocida la creación que es solamente parte de mi Obra, ¿cómo hay quien pretenda conocerme por medio de su ciencia?
Este es el tiempo en que debéis comprender que toda luz pertenece a mi Espíritu, todo lo que sea vida es de mi Divinidad, porque Yo soy el arcano, la fuente y el principio de toda la creación.
Esta vida es una hermosa oportunidad que se presenta a vuestro espíritu para progresar. Caminad, creced, evolucionad, mirad cómo todo en la Creación evoluciona y se transforma.
En la escala interminable de la Creación divina, existe un número infinito de espíritus que van evolucionando en cumplimiento a la Ley de Dios.
¿Cuándo seréis como príncipes en medio de esta creación y no esclavos como ahora lo sois? Los cimientos de mi Doctrina son de amor, esa fuerza universal y superior que tiende a unir a todos los seres en una sola familia.
Esta cualidad divina debéis poseerla porque no podrá haber caridad donde no haya amor. Mas Yo os he llenado de amor para que siempre que se presente la oportunidad de practicar la caridad, lo hagáis, sabiendo que no se limita ni sujeta a determinada forma. Para que desarrolléis esas facultades, os he dado una parte de Mí mismo, la que ha vivido en vosotros, es vuestro espíritu iluminado por la conciencia quien os hace comprender que procedéis de Mí.
Así lográis comprender que la fuerza divina se manifiesta en todo lo que es vida, porque vida es todo lo que os rodea. Yo os he enseñado a no limitar a vuestro Dios en una forma. Puedo tener todas las formas o no tener ninguna, porque Yo soy el Creador.
Cuando vuestra inteligencia os lleve al principio de la vida y descubráis ahí como nacen y se transforman las criaturas, os maravillaréis al comprender la explicación dé muchas de mis lecciones. Ahí descubriréis que Dios está manifestado en todo, desde los seres imperceptibles a vuestra mirada hasta los mundos y astros mayores.
De este modo comprenderéis que el hombre no es creador de vida ni de elementos, que él tan sólo usa y transforma lo ya creado; para eso he puesto al hombre en medio de la Creación y para desarrollar todos los dones y potencias de que le he revestido.
Nada existe en la creación material que sea mayor que vuestro espíritu; ni el astro rey con su luz, ni la Tierra con todas sus maravillas, ni ninguna otra criatura es mayor que el espíritu que os he dado, porque él es partícula divina, es flama que ha brotado del Espíritu Divino.
Mas os he dicho que no conocíais la fuerza del pensamiento. Hoy os digo que el pensamiento es voz y es oído, es arma y es escudo. Lo mismo crea que destruye.
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DBZ 256
Antes de que los mundos fuesen, antes de que toda criatura y lo que es materia surgiera a la vida, ya existía El Espíritu Divino.
Nada había sido creado, nada había en torno al Ser Divino y, sin embargo, amaba y se sentía Padre.
Encontrábase el Espíritu Divino lleno de amor, a pesar de existir sólo Él.
¿A quién amaba? ¿De quién se sentía Padre? De todos los seres y de todas las criaturas que habrían de brotar de Él y cuya fuerza estaba latente en su Espíritu. En aquel Espíritu estaban todas las ciencias, todos los elementos, todas las naturalezas, todos los principios. En Él estaban la eternidad y el tiempo. En Él estaban el pasado, el presente y el futuro, aun antes de surgir a la vida los mundos y los seres.
Aquella inspiración divina se hizo realidad bajo la fuerza infinita del amor divino, y comenzó la vida. El seno de Dios se llenó de seres, y en todos se manifestó el amor, el poder y la sabiduría del Padre.
La Creación tiene vida y manifiesta el poder y la fuerza de vuestro Señor. Dios no es complicado, misterioso, ni confuso en Su Creación, porque lo perfecto es simple.
En Su Creación todo vive, crece y se perfecciona. Sois los espíritus que desde el principio de la Creación habéis recibido una misión. Sois chispa del Espíritu y habéis sido dotados de razón, de voluntad e inteligencia. Habeis sido formados a imagen y semejanza de El, y por lo tanto, estáis preparados para pensar, sentir y amar.
Sí la Creación es alimentada por El y todos los espíritus viven como las ramas de un árbol, tomando la vida de él y alimentándose de su savia, ¿cómo podéis pensar que El se encuentre distante o que sea indiferente a vuestros padecimientos, si Es vuestro Maestro, vuestro Doctor y vuestro Padre?
Vuestro espíritu fue creado con atributos adecuados para seguir por la escala de perfección y llegar a la meta determinada en los altos designios del Señor. Fue creado para la lucha, para la elevación; no fue creado para la inercia, para la inmovilidad. He ahí por qué algunos espíritus han llegado a ser grandes, inspirados en el amor divino y en las bellezas creadas por Dios.
Dentro de esos espíritus, hubo los que, siendo grandes en sí pero pequeños ante lo infinito de Dios, quisieron, virtud a su libre albedrío, desafiar los designios del Padre, descendiendo por su propia voluntad a moradas y senderos creados por ellos, los cuales los apartaron del camino de perfección y de la casa del Padre; ese acto fue su primera caída, su primera desobediencia, su primer error.
Basta una sola imperfección para desarmonizar en el concierto del amor divino y sus resultados sólo pueden evitarse volviendo al camino, al arrepentimiento definitivo y a la obediencia.
Desde que se levantó el primer desobediente delante de Su Ley, ¡cuánta miseria y cuántas tinieblas dejó a su paso! desde entonces existe el mal como una fuerza invisible. El permitio que existiera esa fuerza sólo para someteros a prueba y por vosotros mismos quiere exterminarla.
Muchos espíritus volvieron arrepentidos y rendidos, llenos de dolor pero también de esperanza, a pedirle al Padre que les purificase de aquellas faltas.
Unos habían descendido movidos por la ambición, otros por la curiosidad. El curioso es un intruso en el dominio ajeno, así como el desobediente es el más terrible enemigo de sí mismo; mas aquellos que pronto volvieron al Padre en busca de perdón, fueron recibidos por el Amor perfecto. Sus vestiduras les fueron desmanchadas, sus amarguras borradas y su luz volvió a brillar.
Mas no todos regresaron mansos y arrepentidos de su primera desobediencia, de su primer acto de soberbia. No, muchos llegaron llenos de soberbia o de rencor. Otros, avergonzados y conociendo su culpabilidad, quisieron justificar sus faltas ante Mí, y lejos de purificarse con el arrepentimiento y la enmienda, continuaron creando, ayudados por sus atributos, una vida alejada de las leyes de amor de su Padre.
Así esos seres cayeron en nuevos y desconocidos estados de vida; al darse cuenta de que estaban dotados de grandes dones, de que tenían inteligencia y fuerza para crear por sí mismos, y creyendo ascender a cada paso, fueron cayendo lentamente hacia el abismo. Ahí crearon una vida artificial y permitieron que se desarrollara la violencia, el egoísmo, la necedad, lo absurdo y la ceguera espiritual.
Y en cada paso que los alejaba más y más del sendero de justicia, mi voz les llamaba diciéndole: -Deteneos, volved a Mí-. En la conciencia vibraba mi voz, exhortándoles a detenerse.
Fuisteis libres y grandes pero después os hicisteis misioneros de vuestras pasiones, degenerando espiritual y moralmente.
Y así muchas criaturas espirituales habrían de necesitar tomar forma corpórea para habitar en mundos materiales para así evolucionar, ya que, en virtud del libre albedrío del que fueron dotados, hubo espíritus que, alejándose del camino de perfección que su Padre les había trazado, decidieron crear sus propios senderos, alejándose del seno de Dios; mas el Padre, siendo infinito y anhelando ser comprendido por todos sus hijos, formó el Universo y la vida material como un apoyo para esas criaturas, y dentro de ella creó una de vuestras moradas pasajeras: este mundo.
El Padre con paciencia perfecta, infinita, fue forjando y preparándolo todo, para que el hijo no encontrara imperfección alguna, sino que a cada paso y en cada obra encontrara la huella de su Padre; porque todo quedó dispuesto desde el principio como un libro, a través de cuyas páginas y con el paso de los tiempos encontrarais la respuesta anhelada a la pregunta que me haríais: ¿Quién soy, de dónde he venido y a dónde voy?
Pero en verdad os digo: Elías ha sido siempre antes. Antes de que el hombre llegase a morar el planeta, Elías vino para darle ambiente espiritual, para inundar de esencia espiritual todos los ámbitos de vuestra morada, para dejar convertido este planeta, no solamente en un paraíso terrestre, sino en un santuario para el espíritu, para que el hombre no se inclinara solamente ante la Naturaleza para adorarla, sino que por medio de la Naturaleza descubriera la presencia de su Dios.
Y cuando todo estuvo preparado, doté a vuestro espíritu del cuerpo que le serviría de báculo, de vestido para habitar un mundo maravilloso, creado con sabiduría y perfección para él; como un libro que con todas sus lecciones y bellezas se ofrecía a los hijos del Señor, como una escala que comenzaba en ese mundo y se perdía en lo infinito.
¿Es acaso Elías vuestro Padre? No. ¿Es acaso el Espíritu Santo? Tampoco. ¿Quién es entonces Elías? Elías es el gran espíritu que está a la diestra de Dios, que en su humildad se nombra siervo del Padre y por su conducto, como por el conducto de otros grandes espíritus, muevo al Universo espiritual y llevo a cabo grandes y altos designios.
Sí, mis discípulos, a mi servicio tengo multitudes de grandes espíritus que rigen la Creación.
Entonces os preguntáis: -¿El Padre no es Aquél que todo lo hace?- Y Yo os contesto: -Yo soy el que todo lo hago, porque sin Mí nada se movería; pero así como he dado vida a muchos espíritus, a todos les he dado parte en mi Obra, en mi trabajo, sitio en mi Creación, lugar digno a mi diestra.
Sembró el Señor de bendiciones el camino que habrían de recorrer Sus hijos; inundó de vida el Universo y llenó de bellezas la senda del hombre, en quien depositó un destello divino: el espíritu, formado de amor, de inteligencia, de fuerza, de voluntad y de conciencia; mas a todo lo existente lo envolvió en Su fuerza y le señaló su destino.
Yo lloré vuestra partida desde el instante en que dejasteis la morada espiritual para ir a la Tierra. Desde entonces han sido mis lágrimas y mi sangre las que os han perdonado vuestros pecados, y mi voz dulce y serena no ha dejado de aconsejaros en vuestra jornada.
El Padre quedaba ahí, como el principio de todo lo existente; y luego de ofrecer al Universo el camino de la evolución y el perfeccionamiento, se quedaba en espera del retorno de sus hijos, para que en Él encontrasen también su final que sería la perfección del espíritu en la eternidad.
Ese camino trazado a cada elemento, a cada criatura y a cada especie, era ley que el Creador escribió imborrablemente en Sus hijos desde el principio: la ley de evolución.
Mi sombra os ha seguido por todos los caminos. Yo soy quien en verdad os ha extrañado, vosotros no, porque cuando partisteis os sentíais fuertes y creíais que ya no necesitabais de mi apoyo.
Vuestro camino fue el libre albedrío, vuestros sentidos se dilataron para aspirar y palpar cuanto os rodeaba y fue necesario que cayeseis muy abajo para que volvierais vuestros ojos nuevamente hacia Mí.
Hasta entonces recordasteis que teníais un Padre a cuya mesa os sentabais. Entonces clamasteis a vuestro Señor, mas antes ya os había llamado Yo y estaba reclamando en mi mesa vuestra presencia.
Os había buscado, como el padre que vio partir pequeño a su hijo llevando la inocencia en su corazón y desconociendo el camino.
Vuestros números, vuestras ciencias más elevadas para medir y calcular los tiempos, no os bastarían para dar principio a una labor que solamente Dios puede llevar a cabo, por ser el Único que estará siempre más allá de los tiempos.
Sí, hijos míos, la consecuencia de todos los pensamientos, palabras y acciones que el espíritu tuvo en su principio por razón del libre albedrío, dio origen a las fuerzas invisibles, a las vibraciones del bien y del mal.
Los que en el uso del libre albedrío comenzaron a vivir en forma sana, tratando de alcanzar su bienestar y el del semejante, crearon vibraciones saludables, benéficas; y los que en el mismo uso del libre albedrío desoyeron la voz de la conciencia y se orientaron por las inclinaciones egoístas, propias de su soberbia, crearon fuerzas maléficas, engañosas.
Unas y otras vibraciones quedaron en el espacio espiritual, prestas a aumentar o disminuir su intensidad e influencia, atraídas según fueran los pensamientos de los espíritus, según sus obras posteriores, pero esas fuerzas invisibles no habrían de quedar aisladas de la evolución de los espíritus. No, discípulos, esas vibraciones quedarían latentes sobre todos los seres.
Los que eran inspirados por la luz de la conciencia, sabían rechazar las malas influencias y buscaban las vibraciones benéficas y saludables; y los que en el uso del libre albedrío hacían obras opuestas al dictado divino, atraían las vibraciones perversas, insanas, aumentando su confusión; y de ese equilibrio provienen las enfermedades y las bajas pasiones que en vuestro mundo atormentan al hombre hasta vuestros días.
Yo que conozco vuestro principio y vuestro futuro en la eternidad, di a los primeros hombres armas con las que lucharan contra las fuerzas del mal; pero las despreciaron, prefirieron la lucha del mal contra el mal en la que nadie triunfa, porque todos resultarán vencidos.
Si me preguntáis cuáles fueron las armas que di a la Humanidad para luchar contra el mal, os diré que fueron la oración, la perseverancia en la Ley y el amor de los unos a los otros.
Os he hablado del origen de las fuerzas del bien y del mal; ahora os digo: Esas vibraciones habrían de llegar a todos los mundos que habría de formar, para probar a los hijos del Señor; mas con ello no buscaba vuestra perdición sino vuestro perfeccionamiento. Prueba de ello es que Yo siempre me he manifestado a mis hijos, ya hablándoos a través de la conciencia, ya doctrinándoos a través de mis enviados o haciéndome hombre entre mis hijos, como en aquel Segundo Tiempo a través de Jesús.
El mal existe, de él se han derivado todos los vicios y pecados. Los pecadores, o sea los que practican el mal, existen, lo mismo en la Tierra que en otras moradas o mundos; mas ¿por qué personificáis todo el mal existente en un solo ser, y por qué lo enfrentáis a la Divinidad? Yo os pregunto: ¿Qué es ante mi poder absoluto e infinito, un ser impuro, y qué significa ante mi perfección vuestro pecado?
¿Cómo os atrevéis a culpar a Dios de vuestras propias caídas, dolor e imprudencia? ¿Acaso queréis culparme por todo aquello que no viene de Mí sino que ha sido creación vuestra?
¿Queréis, por ventura, recoger amor cuando habéis sembrado lo contrario?
El dolor lo creáis vosotros y con él os hacéis justicia.
Yo no creé la muerte ni el infierno, porque al concebir mi Espíritu la idea de la Creación, sólo sentía amor y de mi seno sólo brotó vida; si la muerte y el infierno existiesen, entonces tendrían que ser obras humanas, por pequeñas; y ya sabéis que nada de lo humano es eterno.
Yo no hice este mundo para el dolor de los hombres; los mundos son lo que sus moradores quieren que sean. Ved cuánto ha deformado la verdad el hombre con sus malas interpretaciones, cuán distinto ha interpretado el sentido figurado con el que se le ha revelado la vida espiritual.
Conocedme todos, para que ninguno me niegue; conocedme, para que vuestro concepto sobre Dios esté fundado en la verdad y sepáis que donde se manifieste el bien, ahí estoy Yo.
El bien no se confunde con nada. El bien es verdad, es amor, es caridad, es comprensión.
El bien es preciso, exacto, determinado. Conocedlo para que no os equivoquéis. Cada uno de los hombres podrá ir por diverso camino, pero si todos coinciden en un punto, que es el bien, llegarán a identificarse y a unirse. No así cuando se empeñen en engañarse a sí mismos, dándole cariz de malo a lo bueno y disfrazando de bueno a lo malo, como acontece entre los hombres de este tiempo.
Todo en mi Creación es movimiento, armonía y orden que conducen a la perfección. Para que el hombre pueda despertar y la voz de su conciencia lo lleve a la realidad, no debe mirar la Creación sólo en su apariencia, desconociendo la esencia de ella. El hombre sin fe en la vida espiritual caerá en materialismo, porque contemplará como única vida la de este mundo; mas si llegara a hastiarse de sus placeres o a desesperarse en sus amarguras, ¿Qué acontecerá con él? Unos perderán su equilibrio mental, otros atentarán contra su existencia.
El hombre todavía no conoce su morada, la Tierra, cuya naturaleza aún le reserva muchas sorpresas. Y aún existen muchos mundos como el que os rodea. Pero si no es conocida la creación que es solamente parte de mi Obra, ¿cómo hay quien pretenda conocerme por medio de su ciencia?
Este es el tiempo en que debéis comprender que toda luz pertenece a mi Espíritu, todo lo que sea vida es de mi Divinidad, porque Yo soy el arcano, la fuente y el principio de toda la creación.
Esta vida es una hermosa oportunidad que se presenta a vuestro espíritu para progresar. Caminad, creced, evolucionad, mirad cómo todo en la Creación evoluciona y se transforma.
En la escala interminable de la Creación divina, existe un número infinito de espíritus que van evolucionando en cumplimiento a la Ley de Dios.
¿Cuándo seréis como príncipes en medio de esta creación y no esclavos como ahora lo sois? Los cimientos de mi Doctrina son de amor, esa fuerza universal y superior que tiende a unir a todos los seres en una sola familia.
Esta cualidad divina debéis poseerla porque no podrá haber caridad donde no haya amor. Mas Yo os he llenado de amor para que siempre que se presente la oportunidad de practicar la caridad, lo hagáis, sabiendo que no se limita ni sujeta a determinada forma. Para que desarrolléis esas facultades, os he dado una parte de Mí mismo, la que ha vivido en vosotros, es vuestro espíritu iluminado por la conciencia quien os hace comprender que procedéis de Mí.
Así lográis comprender que la fuerza divina se manifiesta en todo lo que es vida, porque vida es todo lo que os rodea. Yo os he enseñado a no limitar a vuestro Dios en una forma. Puedo tener todas las formas o no tener ninguna, porque Yo soy el Creador.
Cuando vuestra inteligencia os lleve al principio de la vida y descubráis ahí como nacen y se transforman las criaturas, os maravillaréis al comprender la explicación dé muchas de mis lecciones. Ahí descubriréis que Dios está manifestado en todo, desde los seres imperceptibles a vuestra mirada hasta los mundos y astros mayores.
De este modo comprenderéis que el hombre no es creador de vida ni de elementos, que él tan sólo usa y transforma lo ya creado; para eso he puesto al hombre en medio de la Creación y para desarrollar todos los dones y potencias de que le he revestido.
Nada existe en la creación material que sea mayor que vuestro espíritu; ni el astro rey con su luz, ni la Tierra con todas sus maravillas, ni ninguna otra criatura es mayor que el espíritu que os he dado, porque él es partícula divina, es flama que ha brotado del Espíritu Divino.
Mas os he dicho que no conocíais la fuerza del pensamiento. Hoy os digo que el pensamiento es voz y es oído, es arma y es escudo. Lo mismo crea que destruye.
